Las 8 enfermedades más comunes en otoño
En otoño no “te resfrías por el frío” sin más. Lo que suele pasar es que se combinan varios factores que favorecen contagios y empeoran cuadros previos: cambios bruscos de temperatura, más vida en espacios cerrados, menos ventilación y, en muchas familias, el regreso de los niños al cole (y de los virus a casa). A esto se suman alergias que no siempre se van en septiembre, y patologías crónicas que se descompensan con la humedad o los cambios de presión.
Además, los profesionales sanitarios llevan tiempo señalando que en estas semanas empiezan a verse con más frecuencia catarros, gripe, COVID y un buen puñado de “itis” (rinitis, sinusitis, bronquitis…), junto con brotes de piel y molestias articulares.
Las enfermedades del otoño más habituales y qué hacer en cada caso
Aquí tienes las 8 más frecuentes en esta época, con una orientación práctica para tomar decisiones. La idea es simple: identifica el patrón, cuida los síntomas con cabeza y pon atención a las señales de alerta. En procesos leves, lo normal es que mejores con reposo, hidratación y medidas básicas; si perteneces a un grupo de riesgo o algo “no te cuadra”, es mejor consultar pronto.
1) Resfriado
Suele empezar con moqueo, estornudos, dolor de garganta y malestar. Lo normal es que sea leve y transitorio, y que en una semana estés mejor, aunque la tos puede durar más días.
Para cuidarte en casa: hidrátate, prioriza descanso, usa lavados nasales si te ayudan y trata el dolor o la fiebre si lo necesitas. Un punto importante: no tiene sentido automedicarte con antibiótico “por si acaso”, porque el catarro es viral.
Debes de ir a consulta si hay dificultad respiratoria, fiebre alta que no cede, empeoramiento claro con los días o si estás en un grupo de riesgo (lactantes, mayores, embarazadas, personas inmunodeprimidas, etc.).
2) Gripe
La gripe suele dar un “golpe” más fuerte: fiebre, dolor muscular, cansancio marcado y malestar general. También es viral, así que el enfoque es controlar síntomas, vigilar evolución y cuidar la hidratación y el descanso.
En España, además, la prevención tiene una pata muy clara: vacunación en grupos recomendados. El Ministerio de Sanidad publica cada temporada las recomendaciones oficiales.
Consulta antes si tienes enfermedad crónica, estás embarazada, tienes más de 60–65 años (según pautas de cada campaña), o si aparecen señales de complicación (dificultad respiratoria, empeoramiento progresivo, dolor torácico, confusión, etc.).
3) COVID-19
Aunque los picos fuertes suelen verse más entrado el invierno, en otoño ya se detectan casos. Los síntomas pueden parecerse a otros cuadros respiratorios (dolor de garganta, tos, fiebre, cansancio), por eso conviene prestar atención a cómo evoluciona y proteger a personas vulnerables si convives con ellas.
Si tienes un cuadro compatible y estás en un grupo de riesgo, lo sensato es hablar con un profesional sanitario para que te oriente según tu situación concreta y las recomendaciones vigentes.
Te recomendamos ir a consulta si aparece dificultad respiratoria, fiebre alta persistente o un empeoramiento claro en lugar de mejoría.
4) Crisis de asma
En otoño se ven con más frecuencia episodios de asma, especialmente en personas sensibles a ciertos desencadenantes (infecciones respiratorias, cambios de temperatura, humedad, ácaros). Es un punto muy importante porque el asma es una enfermedad crónica y las crisis pueden escalar rápido si no se controlan.
Como referencia, se han citado cifras de alrededor del 5% en población adulta y al menos 1 de cada 10 niños en España, según datos manejados por la SEAIC que recoge la fuente consultada.
Consulta a tu médico si notas silbidos, opresión en el pecho o falta de aire que no mejora con tu medicación pautada, o si tienes crisis repetidas. Y si tienes asma, revisa que tu plan de acción esté al día antes de que el otoño apriete.

5) Rinitis alérgica
No todas las alergias son “de primavera”. En otoño puede subir la rinitis, sobre todo por ácaros del polvo (septiembre a noviembre suele ser mala temporada para muchas personas sensibles).
Generalmente, aparecen síntomas o pistas como: estornudos frecuentes, picor, moqueo más líquido y claro. Además, puede mezclarse con catarros, y ahí es donde suele venir la duda.
Consulta si te está afectando al sueño, si hay empeoramiento mantenido o si se asocia a asma. Y en casa, ventilar bien, reducir polvo/humedad y mantener una higiene correcta ayuda más de lo que parece.
6) Dermatitis atópica
La piel también “habla” en otoño. Los cambios de ambiente y ciertos alérgenos pueden disparar brotes, y muchas personas notan picor, rojeces o zonas irritadas que van y vienen.
Aquí suele funcionar muy bien una rutina constante: hidratación diaria, duchas cortas con agua templada, jabones suaves y evitar rascarse (aunque cueste). Si hay brote, lo mejor es no improvisar y seguir indicaciones sanitarias, sobre todo si aparecen signos de infección (costras amarillentas, calor local, dolor, supuración).
7) Brotes de acné
Después del verano, algunas pieles “pagan el precio”: una forma de defensa frente al sol puede ser engrosar la piel y, al volver a la rutina, aparecer el efecto rebote con brotes.
Aquí lo que suele ayudar es mantener una limpieza suave (sin sobreexfoliar), usar productos no comedogénicos y no “castigar” la piel con remedios agresivos. Si el acné es moderado/severo o te está dejando marca, merece la pena consultar dermatología para evitar cicatrices.
8) Artritis y artrosis
En otoño, los cambios de presión atmosférica y la humedad pueden empeorar molestias articulares en personas con enfermedades reumáticas como artritis o artrosis.
En estos casos, más que “aguantar”, suele ir mejor una estrategia realista, aplicando calor local, movimiento suave, ejercicios pautados y revisión de tratamiento si el dolor se descontrola. Si hay inflamación importante, limitación funcional nueva o dolor que no te deja dormir, lo sensato es consultarlo.
Cómo prevenir enfermedades estacionales en otoño sin vivir en una burbuja
Prevenir no es obsesionarte: es hacer 6–7 cosas bien, casi todos los días, y listo. En otoño, lo que más impacto tiene suele ser lo sencillo: ventilación real (aunque haga fresco), higiene de manos, descanso suficiente, alimentación razonable y no “tirar” de antibióticos sin indicación. Además, si formas parte de un grupo recomendado, vacunarte frente a la gripe puede marcar una diferencia grande a nivel de complicaciones.
Si quieres un dato que pone contexto: en España se han estimado millones de casos de gripe por temporada, con miles de hospitalizaciones, y por eso las campañas de vacunación y prevención no son un trámite, son una herramienta de salud pública.
Guía rápida para decidir: casa, consulta o urgencias
Cuando estás con fiebre, mocos o tos, es fácil dudar. Por eso, aquí va una brújula rápida (sin dramatismos, pero sin minimizar señales importantes). Si perteneces a un grupo de riesgo, aplica un criterio más conservador: consulta antes.
| Situación | Lo que suele ser razonable |
| Síntomas leves, comes/bebes bien, sin dificultad respiratoria | Cuidados en casa, reposo, hidratación y vigilancia 24–48 h |
| Fiebre alta persistente, empeoras con los días o estás en grupo de riesgo | Consulta con tu médico de cabecera |
| Falta de aire, dolor torácico, confusión, labios azulados, empeoramiento brusco | Urgencias |
Otros problemas de salud en otoño que también conviene vigilar
Aunque el foco esté en las 8 más frecuentes, hay problemas de salud en otoño que aparecen mucho en consultas y farmacias. No siempre entran en todos los listados, pero cuando te tocan, te afectan de verdad. Y aquí lo útil es que sepas identificarlos y actuar pronto, sobre todo para cortar contagios en casa o en el trabajo y evitar que el cuadro se alargue más de la cuenta.
Conjuntivitis otoñal
En otoño (igual que en primavera) puede aumentar la conjuntivitis, tanto alérgica como infecciosa, y desde el Consejo General de Colegios Farmacéuticos se han difundido recomendaciones específicas de prevención y señales para derivar al médico (por ejemplo, si hay dolor, visión borrosa o no mejora en pocos días).
Cansancio “de cambio de estación”
Mucha gente nota bajón de energía cuando se acortan los días y cambian horarios. Si el cansancio se acompaña de tristeza persistente, apatía marcada o alteración importante del sueño, conviene comentarlo con un profesional para valorar causas y descartar problemas de base.

Seguros de salud: cómo te ayuda a pasar el otoño con más tranquilidad
Cuando llegan los catarros, las alergias y los brotes de piel, lo que más se agradece es tener un circuito claro: médico de familia, especialistas (alergología, dermatología, neumología, reumatología…), pruebas cuando hacen falta y orientación rápida para no ir dando palos de ciego. Ahí es donde un seguro de salud bien elegido te quita mucha fricción, sobre todo si en casa hay peques, si tienes una condición crónica o si cada otoño acabas “arrastrando” lo mismo.
En Tres Mares puedes valorar distintas opciones de seguros de salud según tu forma de usar la medicina:
- Un seguro de salud privado general para consultas y pruebas.
- Modalidades sin copagos, si prefieres no pagar cada vez que usas un servicio.
- Opciones familiares, si quieres cubrir de forma conjunta a quienes más te importan.
- Y alternativas con reembolso, si te interesa más libertad de elección.
Si quieres, el enfoque más práctico es este: cuéntanos tu situación (edad, si hay niños, frecuencia de uso, si te preocupa más la consulta frecuente o un imprevisto serio) y te orientamos para que elijas una póliza que te deje respirar tranquilo todo el año, no solo en otoño.
Otoño no tiene por qué ser “la estación de los pañuelos”. Si identificas pronto el patrón (viral, alérgico, piel o articulaciones), cuidas los síntomas con lógica y consultas cuando toca, la mayoría de cuadros se quedan en un susto y no en una semana eterna de arrastrarte. Y si cada año se repite el mismo guion (alergias fuertes, crisis de asma, brotes de dermatitis o revisiones que se van postergando), plantearte una buena cobertura lo que necesitas para vivir el otoño con más calma.
Preguntas frecuentes sobre enfermedades del otoño
En esta época suelen repetirse las mismas dudas, así que aquí van respuestas claras y sin rodeos. Si alguna te está pasando ahora mismo, úsala como guía rápida para decidir el siguiente paso.
¿Cuánto dura lo normal un resfriado?
Suele durar alrededor de una semana, aunque la tos puede alargarse hasta unos 15 días. Si en lugar de mejorar empeoras, consulta.
¿Por qué no conviene tomar antibiótico “por si acaso”?
Porque el catarro y la gripe son cuadros virales y el antibiótico no los cura. Además, usarlo sin indicación puede traer efectos adversos y no ayuda a que te recuperes antes.
¿Cómo sé si lo mío es alergia o catarro?
La alergia suele dar estornudos repetidos, picor y moqueo claro, a veces sin fiebre. El catarro suele sumar dolor de garganta y malestar general. Si hay asma o te limita el día a día, merece la pena consultarlo.
¿La conjuntivitis se contagia?
Puede ser muy contagiosa si es infecciosa. La higiene (manos, toallas, no compartir cosméticos, no tocarte los ojos) es clave, y si hay dolor o visión borrosa conviene derivación médica.
¿Cuándo tiene sentido plantearte la vacuna de la gripe?
Depende de tu situación y de las recomendaciones de cada temporada, pero Sanidad pública pautas oficiales y grupos recomendados. Si estás en esos grupos o convives con personas vulnerables, es una conversación muy razonable.